Este fenómeno se conoce como “efecto Doppler”, por el físico Austríaco que lo describió en el siglo XIX.
Las ondas de sonido emitidas por un cuerpo que se acerca se “comprimen” y viceversa, lo cual se traduce en una mayor o menor frecuencia, respectivamente, en el tono que escuchamos.
La luz, aunque de naturaleza muy distinta, es también una onda que se ve afectada por el efecto Doppler.
En una fuente luminosa que se acerca las ondas de luz que llegan a nuestros ojos se comprimen y, para el observador, el color de ese objeto varía ligeramente hacia tonos azulados.
Si el cuerpo se mueve en dirección opuesta esta variación se experimenta hacia el rojo.

Por ejemplo, la Galaxia de Andrómeda se nos acerca a una velocidad de 35 kilómetros por segundo, y su color es un poco más azul de lo que sería si no se moviera respecto a nosotros.
Casi todas las galaxias distantes, sin embargo, se están alejando de la nuestra, tanto más rápidamente cuanto más lejos están.
Algunas parecen tan rojizas que su luz infrarroja ya no es captable por el ojo humano.
Midiendo el “desplazamiento hacia el rojo” en el color de los astros se puede tener, por tanto, una muy buena estima de la distancia a la que están.
Claro que después de leer lo anterior, es imposible no recordar esto…


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